Por Jorge Olmos Contreras
El deprimente espectáculo que brindaron los panistas en el registro de sus tres candidatos a dirigir el Comité Directivo Municipal el lunes, estuvo de antología, para apuntarlo y registrarlo en los anales de la historia blanquiazul de Puerto Vallarta. Por un lado apareció el chico fresa, acompañado de una recua de sinvergüenzas –con sus contadas excepciones—que de ahora en adelante están dispuestos a cohabitar, como en los matrimonios de libre convivencia, entre los de su propio género, hipócritas y traidores. No había más, el muchacho, ese que se avergüenza del apellido paterno, comenzó mal el juego de las canicas azules y en su incapacidad política para convertirse en un auténtico líder, prefirió negociar con lo más prostituido que existe en las filas de Acción Nacional, es decir, con los judas que se vendieron por 30 monedas y se cambiaron de bando y de color para subirse a otro proyecto político, ese que ahora despacha en la presidencia municipal.