VALLARTA PROFUNDO
VINO, VIO Y DIVIDIÓ
Enrique Alfaro Ramírez ha reiterado en público y en privado que él no cometería los errores que han distinguido a otros políticos, en especial a los del Partido Revolucionario Institucional, en eso de convertirse en caciques al momento de meter las manos en todos los procesos de selección de candidatos a puestos de elección popular; o de tratar de suplir las funciones de algún alcalde e, incluso, de intentar ordenar cómo se debe conducir una administración municipal.
De hecho, si algo caracterizó –para bien o para mal—a Enrique Alfaro a lo largo de los tres años en que dirigieron las riendas del Ayuntamiento de Puerto Vallarta Ramón “El Mochilas” Guerrero y Javier “El Pitas Pelayo”, fue abstenerse a señalar lo que se estaba haciendo bien o lo que se estaba haciendo mal. Incluso pecó de omiso, ya que cada que un reportero le preguntaba sobre el mal rumbo de la administración de Ramón, él simplemente contestaba que todo estaba en orden, cuando la realidad era otra.
Nunca quiso aceptar el señor Alfaro que El Mochilas estaba haciendo negocios en grande por conducto de la silla presidencial.
Hoy que el boquete que dejó Ramón Guerrero es monumental y que pese a ello intenta regresar para disputarle el liderazgo al alcalde Arturo Dávalos, es cuando se aparece Enrique Alfaro para tratar de poner orden político entre los militantes del Movimiento Ciudadano en Puerto Vallarta.