Por Jorge Olmos Contreras
Con la complicidad y vista gorda de las autoridades, los colegios de ingenieros y arquitectos de Puerto Vallarta han hecho de la corrupción una de sus prácticas favoritas, al cobrar a los particulares altas cuotas –disfrazadas de aportaciones voluntarias—por el uso del sello oficial de estas agrupaciones de profesionistas (una especie de visto bueno) para que el Ayuntamiento les pueda extender un permiso o licencia de construcción.