A media mañana de un jueves de este año, Chalío se dispuso salir del pequeño cuarto que rentaba a su primo Juan Becerra para trasladarse a Las Juntas. Le dijo a su mujer que se iba a trabajar. Caminó media cuadra y al dar la vuelta por la calle Zaragoza olfateó el peligro. Pudo ver los vehículos que tripulaban personajes que el identificaba como potenciales enemigos. Corrió y se metió al taller de otro de sus primos.